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Bernabé, M. (Enero – junio 2026). La pedagogía de la pregunta en la era de la Inteligencia Articial: Una experiencia práctica en la universidad
ecuatoriana. Sathiri, 21 (1), 87 – 108. https://doi.org/10.32645/13906925.1445
La integración de la IA en el ámbito educativo conlleva implicaciones de gran relevancia.
Además de personalizar el aprendizaje (González et al., 2023; Piedra-Castro et al., 2024; López-
Regalado et al., 2024), la IA promueve el pensamiento crítico (Vera, 2023) y proporciona
retroalimentación inmediata (Gallent- Torres et al., 2023). Esta realidad motivó la inclusión de la
IAG en una asignatura especíca de nuestra universidad con el objetivo de explorar sus benecios y
desafíos en un contexto de aprendizaje real y situado. Más allá de modernizar el currículo e innovar
la práctica pedagógica se pretende preparar a los estudiantes en el uso ético y responsable de la IAG
en un entorno cada vez más complejo e inuenciado por la tecnología y la automatización. Esta
visión responde, en parte, a lo señalado por Ríos et at. (2024) quienes subrayan la necesidad de
implementar la IA de manera inclusiva y equitativa, promoviendo un entorno educativo accesible
para todas las personas.
La motivación detrás de esta iniciativa también responde a las inquietudes del profesorado
sobre el uso potencialmente indebido que los estudiantes pueden hacer de la IAG al desarrollar tareas
y evaluaciones. Según Perezchica-Vega et al (2024) existe una preocupación signicativa entre los
docentes respecto a la integridad de las evaluaciones y la autenticidad del trabajo de los estudiantes,
especialmente en lo que concierne a producciones escritas generadas por la IAG. Esta situación
plantea la necesidad urgente de transformar la experiencia educativa, fomentando habilidades
esenciales como el pensamiento crítico, la mejora continua y la ética e integridad académica. En
este marco, se diseñó una guía de trabajo orientada al uso efectivo de la IAG, que promueve el poder
de la curiosidad y la formulación de preguntas como motores del conocimiento.
Esta propuesta se fundamenta en la pedagogía de la pregunta de Paulo Freire, en la que
el cuestionamiento y el fomento de la curiosidad se constituyen como elementos esenciales para
el aprendizaje y la transformación de la realidad, favoreciendo el desarrollo de la autonomía y
el pensamiento crítico. Freire y Faundez (1985) subrayan que el ejercicio de preguntar abre
posibilidades para el diálogo y la exploración. La IAG, cuando se utiliza adecuadamente, puede
potenciar este diálogo al brindar respuestas inmediatas y estimular la reexión crítica. El desafío
consiste en despertar en los estudiantes el interés genuino por explorar el conocimiento mediante
una interacción signicativa y dialógica con estas tecnologías.
Formular preguntas estratégicas requiere precisión, claridad y un dominio conceptual sólido
de los temas abordados, así como la capacidad de formular interrogantes pertinentes. Esto habilita
a los estudiantes a explorar y construir conocimiento en colaboración con la IAG, dentro de un
entorno dialógico y personalizado (Wang et al., 2022). En un mundo saturado de información,
la habilidad de hacer preguntas adecuadas se convierte en una competencia esencial. La IAG, más
allá de ofrecer respuestas rápidas y automáticas, promueve una mentalidad inquisitiva que invita a
profundizar, analizar y reexionar.
Asimismo, la IAG contribuye a fomentar una cultura de mejora continua, al facilitar
retroalimentación inmediata y personalizada que convierte el aprendizaje en un proceso dinámico
y en permanente evolución. Este enfoque no persigue la perfección, sino fomentar el deseo de
superarse a uno mismo, aprender de los errores y alcanzar nuevos niveles de comprensión. En
este contexto, la educación se concibe como un proceso constante de crecimiento personal y
académico. No obstante, la incorporación de la IAG también plantea riesgos como el plagio, el
sesgo algorítmico o la dependencia excesiva (Escalante, 2024). Por ello, las instituciones educativas
tienen la responsabilidad de guiar a los estudiantes no solo en el uso técnico de estas tecnologías,
sino también en su comprensión ética. Formar en integridad no es opcional, sino un imperativo